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La página la tienes. La letra no se lee.

Los escribanos parroquiales del siglo XIX escribían en latín, polaco, alemán, húngaro, eslavo eclesiástico o ruso, con una cursiva que no se parece en nada a la escritura de hoy. Sube la foto. Recibes la partida transcrita línea por línea, traducida, con los nombres y las fechas ya separados.

Si este asiento es tuyo, el mismo libro guarda casi con seguridad el matrimonio anterior y los nacimientos posteriores. Dinos la aldea y el apellido y te diremos con claridad qué archivo conserva esos registros, qué ha sobrevivido y cuánto costaría hacerlos leer. La primera valoración es gratuita.

Por qué esa letra es tan difícil

Hasta 1918 el escribano de una parroquia de Galitzia llevaba el libro en latín, con una cursiva que se enseñaba en los seminarios austríacos y que desde entonces no usa nadie. Transcarpatia escribía en húngaro. Las parroquias ortodoxas escribían en eslavo eclesiástico, con un alfabeto que comparte letras con el ucraniano pero no sus sonidos. Bajo Polonia los mismos libros pasaron al polaco, y bajo el dominio soviético al ruso. Los asientos de una sola familia pueden atravesar tres de esas manos.

Sobre la escritura pesa además la fórmula. Los nacimientos son «natus» y «baptizatus», los matrimonios son «copulati», las defunciones son «mortui» y «obiit»; el oficio sale como «agricola» o «colonus»; las columnas están pautadas, pero las abreviaturas son de cada escribano. Leído al pie de la letra, un asiento es mitad fórmula — y es la fórmula la que indica qué mitad es tu familia.

Y están las fechas. Las parroquias del calendario juliano iban trece días por detrás del civil, y una partida hecha en uno y copiada al otro cae en dos días distintos. Una fecha leída sin tener esto en cuenta te manda a buscar un documento archivado dos semanas más allá.

Así que una transcripción es una lectura, no un escaneo. Lleva un juicio sobre cada trazo — y por eso los trazos inciertos se nombran aquí, en lugar de alisarse.

Una página leída es una página. El resto de la familia sigue en el libro.

Si este asiento es tuyo, el mismo libro guarda casi con seguridad el matrimonio anterior y los nacimientos posteriores. Dinos la aldea y el apellido y te diremos con claridad qué archivo conserva esos registros, qué ha sobrevivido y cuánto costaría hacerlos leer. La primera valoración es gratuita.